Puntos clave:
- 369 infracciones bajo un sello de comercio justo: Transportstyrelsen detectó cientos de incumplimientos relacionados con los tiempos de conducción, los descansos y el uso del tacógrafo en un transportista sueco certificado.
- Sanción de 593.000 coronas suecas.
- Un caso que contradice la misión del programa: Fair Transport se creó para combatir las prácticas desleales y distinguir a las empresas que cumplen las normas y protegen a sus conductores.
- No es un caso aislado: inspecciones anteriores también desembocaron en sanciones importantes para Tommy Nordbergh Åkeri y Megit AB, del grupo Erikssons.
- La certificación no implica una supervisión permanente: Fair Transport se basa en actualizaciones anuales de datos y auditorías externas periódicas, no en el seguimiento en tiempo real de cada envío y cada actividad de los conductores.
- El mensaje para los cargadores: un sello de calidad puede ayudar a seleccionar transportistas, pero no sustituye las comprobaciones de cumplimiento ni la supervisión directa del cliente.
El caso, publicado por la revista sectorial sueca “Trailer”, resulta especialmente relevante no solo por el volumen de irregularidades, sino también por la condición de la empresa inspeccionada: contaba con el certificado Fair Transport.
No se trata de una simple insignia comercial. Fair Transport es un sistema de certificación sueco para operadores de transporte por carretera, respaldado por Sveriges Åkeriföretag. Entre sus objetivos figuran fomentar la competencia leal, unas condiciones laborales responsables, la seguridad vial y la reducción del impacto ambiental del transporte.
Las empresas participantes deben actualizar cada año sus datos y documentación. Además, cada tres años se someten a una revisión externa independiente. El programa también contempla procedimientos para actuar cuando se detectan incumplimientos.
Sobre el papel, estos requisitos sitúan el programa por encima de una mera promesa de marketing.
Precisamente por eso, el hallazgo de 369 infracciones plantea dudas sobre la distancia que puede existir entre el nivel verificado durante la certificación y los resultados de una inspección estatal detallada de los datos del tacógrafo y de las tarjetas de conductor.
Un programa pensado para distinguir a los transportistas responsables
La contradicción resulta más evidente si se recuerda el propósito con el que nació Fair Transport: responder a problemas concretos del mercado.
Cuando Trans.INFO explicó la evolución del programa en 2020, sus impulsores señalaron expresamente a las empresas que incumplían las reglas del mercado. Entre los problemas citados estaban las infracciones de cabotaje, el incumplimiento de los tiempos de conducción y descanso, el impago de peajes e impuestos y unas condiciones sociales insuficientes. Fair Transport pretendía poner en primer plano a las compañías que trabajaban conforme a la legislación y a unos estándares de responsabilidad aceptados. El mensaje era claro: elegir un proveedor certificado debía significar contratar a un transportista que no solo cumpliera las obligaciones legales, sino que también comunicara sus resultados y asumiera el compromiso de mejorar de forma continua.
El certificado debía enviar a los cargadores una señal inequívoca: esa empresa no basa su ventaja competitiva en esquivar las normas.
Seis años después, el caso de las 369 infracciones demuestra hasta qué punto puede diferir el estándar representado por un certificado de lo que revela una revisión exhaustiva de los datos reales del tacógrafo.
Una sanción de 593.000 coronas suecas
Según la información publicada por “Trailer”, Transportstyrelsen sancionó al transportista con 593.000 coronas suecas.
La inspección detectó 369 incumplimientos de la normativa social y de las obligaciones relativas al registro de actividad, entre ellos:
- 62 casos en los que los conductores superaron las 4,5 horas de conducción sin realizar la pausa obligatoria;
- 48 casos de descansos diarios incorrectos;
- 45 casos en los que se excedió el tiempo de conducción permitido durante un periodo de dos semanas;
- 37 casos en los que se superó el límite diario de 10 horas de conducción;
- 35 casos de descanso semanal insuficiente;
- 27 casos en los que el descanso diario quedó por debajo del mínimo permitido;
- 32 casos en los que no se introdujo el código del país correspondiente al inicio o al final de la jornada laboral;
- 23 casos de uso incorrecto de tarjetas de conductor o discos analógicos, o de falta de utilización adecuada.
Por el número y la naturaleza de los hallazgos, la autoridad no consideró que se tratara de una suma de errores aislados.
Transportstyrelsen también tuvo en cuenta las sanciones anteriores impuestas al transportista y las deficiencias de sus controles internos. Ante la gravedad y la cantidad de infracciones, concluyó que una advertencia no era una respuesta suficiente.
Un certificado no garantiza una actividad libre de infracciones
Esta es la principal lección para los responsables de logística. Fair Transport ayuda a los cargadores a identificar empresas que declaran trabajar de forma responsable y pueden demostrar que cuentan con procesos para hacerlo. Pero el certificado no garantiza que todas las operaciones realizadas por un transportista certificado se desarrollen conforme a la ley. La certificación y la labor sancionadora de la Administración cumplen funciones distintas. Fair Transport comprueba si una empresa reúne los criterios del programa y dispone de los procedimientos, documentos y estructuras organizativas exigidos.
Transportstyrelsen, en cambio, puede analizar durante un periodo concreto los datos de las tarjetas de conductor y del tacógrafo, reconstruir las horas efectivamente trabajadas y verificar obligaciones legales específicas. Por tanto, el certificado confirma que se cumplieron determinados requisitos dentro del proceso de certificación; no equivale a una vigilancia continua de la actividad del transportista.
No es el primer caso en Suecia
El incidente publicado por “Trailer” no es la primera ocasión en la que una empresa vinculada a Fair Transport queda bajo el escrutinio de las autoridades estatales.
Tommy Nordbergh Åkeri (2022): tras una inspección, la sanción calculada ascendía aproximadamente a 3,5 millones de coronas suecas. Los límites establecidos por la ley redujeron finalmente el importe a 800.000 coronas suecas, cantidad que posteriormente confirmó el tribunal. En aquel momento, los responsables de Fair Transport indicaron que la empresa quedaría suspendida del sistema hasta presentar un plan de medidas correctoras aprobado.
Grupo Erikssons Åkeri / Megit AB (2024): Transportstyrelsen calculó sanciones por 5,358 millones de coronas suecas. Debido a los límites legales, la cantidad final se redujo aproximadamente a 383.000 coronas suecas. La inspección incluyó casos en los que los conductores habían utilizado tarjetas pertenecientes a otras personas. Otra empresa del mismo grupo, Eriksson Greenroad, ya había sido expulsada anteriormente del programa Fair Transport.
Cientos de infracciones no equivalen automáticamente a fraude deliberado
La cifra de 369 infracciones es preocupante, pero debe interpretarse en su contexto. Las normas sobre jornada laboral, conducción, descansos y tacógrafos abarcan numerosas obligaciones, y no todos los incumplimientos tienen la misma gravedad.
Algunos hallazgos pueden referirse a deficiencias formales, como no introducir el código del país exigido.
Otros afectan directamente a los tiempos de conducción y descanso y, por tanto, a la seguridad de los conductores y de la circulación.
Desde comienzos de 2026, Transportstyrelsen puede emitir una advertencia en los casos considerados menos graves. Esta opción no se aplica, entre otras situaciones, cuando las infracciones son reiteradas o graves, ya se han impuesto sanciones similares, se han eludido las normas de forma sistemática o los controles internos resultan insuficientes.
Por ello, las 369 infracciones no deben interpretarse automáticamente como 369 episodios de fraude intencionado.
Eso no elimina, sin embargo, el problema de fondo: un volumen tan elevado de incumplimientos somete a un escrutinio muy serio la eficacia de los controles internos de la empresa.
¿Hasta dónde llega el papel del certificado?
Fair Transport reconoce abiertamente que no recibe de forma automática información sobre todas las inspecciones y sanciones impuestas por la policía, Transportstyrelsen u otras autoridades. La investigación por incumplimiento, la suspensión o la expulsión solo pueden comenzar después de que la organización tenga conocimiento del problema. Como consecuencia, durante cierto tiempo una empresa sancionada por una autoridad estatal por infracciones graves puede seguir apareciendo como certificada en el registro público. Esto no demuestra por sí solo que todo el sistema sea defectuoso. Sí pone de manifiesto una de sus limitaciones: un sello de calidad no equivale a la supervisión permanente de la actividad de un transportista.
Los cargadores deben mantener sus propias comprobaciones
Es importante señalar que Fair Transport no pide a los clientes que den por terminada su evaluación en cuanto ven el certificado.
Los materiales dirigidos a los clientes recomiendan, entre otras medidas:
- comprobar que el certificado sigue vigente;
- solicitar la documentación correspondiente;
- realizar controles aleatorios;
- supervisar el cumplimiento durante toda la vigencia del contrato;
- celebrar reuniones de revisión con el transportista.
En otras palabras, incluso para los creadores del programa, la certificación debe ser una pieza más de la evaluación de un socio comercial, no un sustituto de ese proceso.
Un filtro, no una inmunidad
En 2020, Fair Transport se planteó como una herramienta para separar a los transportistas responsables de las empresas que perjudican la competencia leal. El caso más reciente demuestra que la certificación, por sí sola, no puede mantener esa distinción de manera permanente.
Para cargadores y operadores logísticos, Fair Transport todavía puede ser un filtro útil al seleccionar un socio comercial. No demuestra que todas las operaciones de transporte realizadas por una empresa certificada cumplan las normas. Por eso, el caso de las 369 infracciones no indica tanto que la certificación carezca de valor como cuáles son sus límites. El logotipo de Fair Transport puede ser un buen punto de partida para analizar a un transportista, pero no debe reemplazar la auditoría de cumplimiento del cliente ni la verificación de las condiciones reales en las que se presta el servicio.









