- En Francia, un ciberataque afectó a sistemas de refrigeración conectados a la red en cientos de tiendas operadas por varias grandes cadenas. Según las informaciones disponibles, la temperatura llegó a alcanzar los 50 °C en algunos establecimientos, lo que provocó el deterioro de alimentos y, en ciertos casos, incendios en equipos de refrigeración.
- Intermarché informó de problemas en alrededor de 150 tiendas. Coopérative U comunicó el 13 de octubre de 2026 que el incidente había afectado a 80 de sus aproximadamente 2.000 establecimientos.
- Ahold Delhaize confirmó el 12 de octubre de 2026 un incidente de ciberseguridad en su red y explicó que algunos sistemas se habían desconectado como medida preventiva. La interrupción afectó, entre otros servicios, a Albert Heijn en Países Bajos y a las operaciones de Delhaize en Bélgica.
- Albert Heijn también desconectó sus sistemas logísticos y suspendió hasta nuevo aviso el reparto de compras realizadas por internet.
- Los dos casos muestran cómo una interrupción digital puede alterar rápidamente el movimiento físico de las mercancías: desde la pérdida de existencias hasta las dificultades para recibir y entregar productos. No se ha confirmado ninguna relación entre los incidentes registrados en Francia y el caso de Ahold Delhaize.
En Francia, el ataque afectó directamente a la infraestructura de refrigeración de los establecimientos. Según Reuters, quienes perpetraron el ataque elevaron la temperatura de cámaras frigoríficas y congeladores en cientos de supermercados; en algunos puntos se alcanzaron hasta 50 °C. El resultado fue el deterioro de productos y varios incendios relacionados con los equipos de frío.
Entre las cadenas afectadas se encontraban Intermarché, Coopérative U, Carrefour y Monoprix. Intermarché señaló que el problema había afectado a unas 150 tiendas, mientras que Coopérative U informó de incidencias en 80 de los cerca de 2.000 establecimientos de su red.
Para la logística alimentaria, una situación así resulta especialmente compleja. Si una tienda deja de poder conservar con seguridad productos refrigerados o congelados, el problema ya no es únicamente técnico: el establecimiento puede verse obligado a rechazar temporalmente las entregas que requieren control de temperatura.
Esto obliga a reprogramar expediciones, desviar mercancías o mantener los vehículos en espera hasta que la infraestructura vuelva a funcionar.
El gran reto: los productos frescos no pueden esperar
Cuando se trata de mercancía no perecedera, una entrega suele poder retrasarse varias horas o incluso algunos días. Las alternativas se reducen drásticamente cuando entra en juego la cadena de frío.
La carne, los lácteos, las frutas y las verduras frescas, así como los productos congelados, deben transportarse y almacenarse dentro de unos márgenes de temperatura concretos. Si el establecimiento receptor no puede aceptarlos de forma segura, los equipos logísticos tienen que decidir con rapidez si cambian el destino, trasladan la carga a un almacén provisional o determinan qué hacer con el envío que ya está en carretera.
La mercancía puede acabar desviada a otro almacén, tienda o centro de distribución. En el caso de los productos con una vida útil corta, cada hora adicional reduce las opciones disponibles.
El incidente francés demuestra que un ciberataque puede romper la cadena de frío sin dirigirse directamente contra los camiones o los sistemas de gestión del transporte. Basta con perder el control de la infraestructura situada en el punto de recepción.
En Albert Heijn, el problema afectó al flujo logístico
El caso de Ahold Delhaize muestra otra forma de interrupción. El grupo confirmó el 12 de octubre de 2026 un incidente de ciberseguridad en su red y explicó que había desconectado algunos sistemas como parte de su respuesta preventiva. Sus tiendas físicas continuaron abiertas.
En Albert Heijn, sin embargo, también se desconectaron los sistemas logísticos. Por este motivo, la cadena suspendió hasta nuevo aviso las entregas de compras realizadas por internet. Sus páginas web, aplicaciones y servicios de atención al cliente tampoco estaban disponibles.
El episodio pone de manifiesto otra vulnerabilidad de la cadena de suministro. Puede haber mercancía disponible, el almacén puede seguir operativo y los camiones y conductores estar preparados para trabajar. Pero si los sistemas no permiten procesar pedidos, planificar rutas, registrar recepciones o gestionar expediciones, toda la operación puede quedar paralizada.
Medios neerlandeses informaron de interrupciones en la actividad de algunos centros de distribución de Albert Heijn y señalaron que la disponibilidad de productos podía variar de una tienda a otra. Los alimentos frescos eran la categoría más expuesta. Estos datos proceden de informaciones periodísticas y no aparecían detallados en su totalidad en el comunicado oficial de Ahold Delhaize.
Un mismo resultado, pero dos puntos críticos distintos
Aunque técnicamente son casos diferentes, ambos pueden generar un problema similar para la cadena de suministro: las mercancías dejan de circular con normalidad pese a que el origen de la interrupción está en el entorno digital. En Francia, el punto vulnerable fue la refrigeración de las tiendas. En Albert Heijn, el impacto se produjo en las herramientas que gestionan la operación logística.
Para transportistas y operadores logísticos, esto significa que los planes de continuidad deben contemplar mucho más que averías de vehículos, falta de conductores o cierres de almacenes.
También deben responder a preguntas como estas: ¿se pueden reorganizar las entregas sin acceder a los principales sistemas informáticos?, ¿hay puntos de descarga alternativos?, ¿cuánto tiempo pueden permanecer los alimentos frescos en tránsito si el establecimiento receptor ya no puede recibirlos?
La recuperación puede desencadenar una segunda ola de problemas
Recuperar los sistemas informáticos no garantiza que la actividad vuelva inmediatamente a la normalidad. Si las entregas se han detenido, aplazado o cancelado, los pedidos acumulados pueden coincidir con los nuevos cuando se reanude la operativa.
En la logística alimentaria, esa acumulación puede saturar los muelles de carga, los almacenes y las flotas de distribución. También puede obligar a priorizar unas categorías de productos sobre otras. En el caso de los alimentos frescos, la vida útil restante y las exigencias de temperatura podrían determinar qué envíos se atienden primero.
Por ahora, esta es solo una posible consecuencia. Ni Ahold Delhaize ni las cadenas francesas han ofrecido todavía una visión completa del efecto que tuvieron estos incidentes en sus operaciones logísticas posteriores.
La ciberseguridad ya afecta a las operaciones de transporte
Hace unos años, un incidente informático en una cadena de supermercados se habría considerado principalmente un problema de tecnología, comercio electrónico o protección de datos. Hoy, este tipo de incidentes también se considera un riesgo operativo para el transporte y la logística, ya que sus consecuencias ya no se limitan al entorno digital: pueden interrumpir directamente las operaciones físicas.
Los sistemas digitales gestionan actualmente la temperatura, las existencias, los pedidos, las franjas de entrega, las rutas, la recepción de mercancías y las expediciones. Una interrupción en cualquiera de estas funciones puede dejar camiones esperando sin un punto de descarga, generar franjas horarias desaprovechadas o impedir que ciertos productos se pongan a la venta con seguridad.
Por eso, para el sector del transporte y la logística, la ciberresiliencia no consiste únicamente en proteger los datos. También implica mantener en marcha el flujo físico de mercancías.








