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Un ciberataque a un proveedor puede paralizar el transporte

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Un ciberataque contra un proveedor de software, un operador tecnológico o cualquier otro socio externo puede paralizar la actividad de una empresa aunque sus propios sistemas no hayan sido comprometidos. El informe sobre siniestros cibernéticos de Chubb para 2026 confirma que las pérdidas medias están aumentando en Europa, mientras que la dependencia de proveedores externos amplía el riesgo operativo de las cadenas de suministro digitales.

Este texto ha sido elaborado íntegramente por una persona, no por una inteligencia artificial. Refleja el conocimiento y la experiencia del redactor que lo creó.

Principales conclusiones:

  • Las pérdidas cibernéticas medias aumentaron en 2025 en todos los sectores empresariales analizados en Europa y el Reino Unido.
  • El 65 % de las grandes empresas considera que las vulnerabilidades de terceros y de la cadena de suministro son su mayor desafío en materia de ciberseguridad.
  • Entre las pequeñas y medianas empresas, la pérdida media pasó de 51.095 dólares en 2024 a 82.621 dólares en 2025.
  • El ransomware puede generar costes millonarios incluso cuando se consigue detener el cifrado de los sistemas.
  • La inteligencia artificial permite automatizar el reconocimiento de redes y hacerse con el control de varios sistemas en cuestión de minutos.

Transportistas, operadores logísticos y transitarios trabajan en un entorno basado en el intercambio continuo de datos y en servicios prestados por compañías externas. El informe de Chubb muestra que la interdependencia entre empresas se ha convertido en una de las tres grandes tendencias que definen actualmente el riesgo cibernético.

Menos incidentes no significa menores costes

Los datos de Chubb sobre Europa y el Reino Unido no reflejan un aumento brusco del número de incidentes declarados. En algunos sectores, la frecuencia de los siniestros se mantuvo relativamente baja en 2025. Sin embargo, el coste medio de cada siniestro aumentó.

En las pequeñas y medianas empresas de Europa y el Reino Unido, la pérdida media alcanzó los 82.621 dólares en 2025, frente a los 51.095 dólares de 2024. En las empresas medianas, el importe subió de 237.686 a 318.820 dólares. Entre las grandes empresas, la media pasó de 1,119 millones a 2,219 millones de dólares.

Chubb señala que las pérdidas en Europa y el Reino Unido siguen siendo inferiores a las registradas en Estados Unidos. Una de las razones es el menor peso de los costes relacionados con las reclamaciones de terceros por filtraciones de datos y vulneraciones de la privacidad. Que el número de incidentes se mantenga estable no implica que sus costes también lo hagan.

El eslabón débil puede estar en un proveedor

Una de las conclusiones centrales del informe es que el riesgo cibernético está cambiando. Hasta hace poco, los responsables de ciberseguridad se concentraban sobre todo en evitar que un incidente originado dentro de su propia empresa afectara a clientes y proveedores. Ahora, la interdependencia opera también en sentido contrario: un ataque contra un socio tecnológico puede interrumpir rápidamente la actividad de muchas otras empresas.

Según los datos del Foro Económico Mundial citados en el informe, el 65 % de las grandes empresas identifica las vulnerabilidades de terceros y de la cadena de suministro como su principal desafío cibernético. En 2025, ese porcentaje era del 54 %.

Chubb también recoge el caso de una empresa minorista que dependía de un proveedor externo de software para gestionar sus operaciones diarias. Cuando el proveedor sufrió un ataque de ransomware y sus sistemas dejaron de funcionar, el minorista ya no pudo vender determinados productos, hacer pedidos de reposición ni programar citas con sus clientes. La pérdida total alcanzó 1,2 millones de dólares, aunque la empresa afectada no era el objetivo directo del ataque.

Cinco semanas de interrupción y miles de millones en pérdidas para la cadena de suministro

La magnitud que puede alcanzar una interrupción queda ilustrada por el ciberataque sufrido por un fabricante mundial de automóviles a finales de agosto de 2025. Chubb lo describe como el incidente cibernético más perjudicial de la historia del Reino Unido.

El ataque obligó al fabricante a desconectar sus redes informáticas globales. La producción se detuvo durante cinco semanas en plantas del Reino Unido, Eslovaquia, Brasil y China, afectando, entre otras áreas, a los sistemas de control de las líneas de producción, las herramientas de diseño y las plataformas de pedidos de los concesionarios.

El impacto se extendió mucho más allá de la compañía. Según el informe, más de 5.000 organizaciones del Reino Unido se vieron afectadas, mientras que el coste para la economía británica se estimó en 1.900 millones de libras. El Gobierno puso a disposición 1.200 millones de libras en financiación de emergencia para ayudar a estabilizar la cadena de suministro. El fabricante registró pérdidas antes de impuestos de 485 millones de libras, frente a los beneficios de 398 millones obtenidos anteriormente.

El ransomware genera costes aunque se detenga el cifrado

El informe de Chubb demuestra que los ciberdelincuentes ya no necesitan bloquear con éxito los equipos para desencadenar una crisis costosa. El simple robo de información puede activar obligaciones legales, investigaciones forenses y amplios trabajos de recuperación.

En uno de los casos analizados, los controles de seguridad lograron impedir que los atacantes cifraran los ordenadores de la organización. Sin embargo, antes de ser detectados ya habían robado datos médicos y números de la seguridad social de más de 4 millones de personas.

El incidente tuvo un coste de 4,7 millones de dólares, incluidos 2,4 millones destinados a notificar a las personas afectadas y 1,2 millones para servicios de seguimiento crediticio. La respuesta requirió la intervención de abogados, especialistas en análisis forense digital y un equipo de análisis de datos.

El caso demuestra que detener el cifrado no pone fin al incidente. El robo de datos, por sí solo, puede generar importantes costes operativos, legales y organizativos.

La inteligencia artificial acelera los ciberataques

Chubb identifica como un desafío independiente el uso cada vez mayor de la inteligencia artificial por parte de los ciberdelincuentes. Las mismas tecnologías que ayudan a las empresas a detectar amenazas también pueden utilizarse para automatizar ataques.

El informe indica que la inteligencia artificial autónoma y los sistemas basados en agentes, integrados en programas maliciosos, pueden tomar el control de varios sistemas en cuestión de minutos, dejando a los equipos de seguridad menos margen para reaccionar manualmente.

Chubb destaca la existencia de programas maliciosos capaces de modificar su propio código mientras se ejecutan, herramientas autónomas que trazan el mapa de las redes y tecnologías de suplantación mediante voz sintética para imitar a directores financieros y otros responsables.

La amenaza no siempre exige tecnología muy avanzada. En uno de los casos, una persona recién incorporada recibió un mensaje que parecía proceder de un proveedor habitual de maquinaria. Sin confirmar la solicitud por teléfono, modificó los datos bancarios del proveedor. La empresa perdió más de 100.000 dólares, y ni el banco ni el proveedor lograron recuperar el dinero.

La ciberseguridad ya no es solo un asunto del departamento de TI

El informe de Chubb deja claro que la capacidad de una empresa para resistir un ciberataque no depende únicamente de su propia infraestructura. En unas cadenas de suministro cada vez más conectadas, los estándares de seguridad de los proveedores tecnológicos y del resto de socios comerciales resultan igual de importantes.

Chubb recomienda implantar sistemas capaces de detectar amenazas en tiempo real, mantener un registro claro de las soluciones basadas en inteligencia artificial, controlar cómo procesan los datos los terceros y formar a los empleados para reconocer intentos sofisticados de suplantación y falsificaciones audiovisuales.

El informe también pide poner a prueba la resiliencia del ecosistema de proveedores externos, reforzar la supervisión del uso de la inteligencia artificial y los datos, e invertir en sistemas más avanzados de detección de amenazas.

En el transporte y la logística, donde muchos procesos dependen de empresas independientes y sistemas externos, la cuestión ya no se limita a saber si la infraestructura propia está protegida. La resiliencia digital de toda la red de socios es cada vez más importante para garantizar la continuidad operativa.

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