Cuando las temperaturas elevadas se mantienen durante varios días, la carretera puede deformarse y generar riesgos repentinos para el tráfico. Además, el calor incrementa el esfuerzo al que se someten los neumáticos, sobre todo en vehículos con carga completa y en condiciones exigentes.
Cierre total de la A2 en Brandeburgo por deterioro del firme
La policía de Brandeburgo informó del corte completo de la A2 entre Ziesar y Wollin, en sentido Potsdam. La decisión se adoptó después de que el pavimento presentara grietas y desprendimientos asociados a las temperaturas extremas.
Autobahn GmbH prevé que las restricciones en este tramo se mantengan al menos hasta la tarde del domingo. Se recomienda evitar la zona afectada y seguir los desvíos señalizados.
También se han comunicado incidencias relacionadas con el calor en la A10. Como medida preventiva, se ha cerrado el carril izquierdo entre Berlín-Marzahn y Hellersdorf (dirección Frankfurt an der Oder).
Con el episodio de calor aún activo, el gestor viario de Brandeburgo ha incrementado las patrullas de revisión y ha activado equipos de mantenimiento en régimen de disponibilidad durante todo el fin de semana, con el objetivo de localizar y asegurar nuevos daños lo antes posible.
Qué ocurre con el asfalto y el hormigón cuando aprieta el calor
Según ACE Auto Club Europa, asfalto y hormigón reaccionan de forma distinta, pero ambos pueden deteriorarse con temperaturas extremas.
Con sol intenso, el asfalto puede superar los 60 °C, lo que reduce su capacidad para soportar cargas. En esas condiciones, el paso de vehículos pesados puede provocar roderas y deformaciones y, en casos puntuales, el desprendimiento de parte de la capa superficial.
El hormigón, por su parte, se dilata con el calor. Al ser un material poco flexible, con temperaturas del aire por encima de 30 °C pueden aparecer los llamados abombamientos: elevaciones peligrosas capaces de agrietar y levantar las losas de la calzada.
Recomendación de ACE: menos velocidad y más distancia
ACE insiste en respetar estrictamente los límites de velocidad y la señalización de advertencia. Incluso pequeñas grietas o irregularidades pueden traducirse en una pérdida de control. En el caso de las motocicletas, el riesgo es mayor: impactar contra una losa de hormigón levantada puede derivar en un accidente grave.
Los expertos aconsejan moderar la velocidad y aumentar la distancia de seguridad, especialmente en tramos antiguos donde se aprecian juntas y uniones del firme.
Si se detectan daños sin señalizar, ACE recomienda avisar a la policía o al operador responsable de la vía.
Y si no queda más remedio que atravesar una zona deteriorada, lo aconsejable es detenerse después para comprobar si aparecen vibraciones, ruidos inusuales o cambios en el comportamiento del vehículo. Son indicios que pueden apuntar a daños en la suspensión, la dirección, las llantas o los neumáticos.
Si un vehículo sufre daños en un tramo sin señalización, el transportista puede intentar reclamar una compensación al gestor de la infraestructura. Para ello, es clave documentar el incidente: fotos, aviso a la policía y cualquier otra prueba disponible. Si no se logra demostrar la responsabilidad del operador, el coste de la reparación podría quedar cubierto por un seguro a todo riesgo.
Neumáticos al límite con temperaturas elevadas
El calor extremo también supone una carga mucho mayor para los neumáticos, especialmente en el transporte por carretera, donde se encadenan largos recorridos por autopista con el vehículo a plena carga.
Los especialistas subrayan la importancia de revisar con frecuencia la presión antes de salir y medirla únicamente con los neumáticos fríos. Una presión baja eleva la temperatura del neumático, reduce la estabilidad, alarga la distancia de frenado y acelera el desgaste.
También cuenta la inspección visual: antes de iniciar la marcha, conviene buscar grietas, objetos incrustados o señales de envejecimiento en la banda de rodadura y los flancos. En plena ola de calor, los neumáticos más antiguos pueden perder prestaciones con mayor rapidez.
La forma de conducir influye directamente en la temperatura del neumático. A mayor velocidad, mayor generación de calor: en episodios de temperaturas extremas se recomienda una conducción suave y sin brusquedades.
Tras el calor, a menudo llegan tormentas
Las olas de calor veraniegas suelen ir seguidas de tormentas intensas y lluvias fuertes. Los cambios rápidos de condiciones —y pasar de un asfalto abrasador a una superficie mojada— obligan a extremar la atención.
En estos escenarios, el agarre depende en gran medida del estado del neumático y de que la profundidad del dibujo sea suficiente. Un buen dibujo reduce el riesgo de aquaplaning y ayuda a mantener el control ante maniobras imprevistas.









