Del 5 al 11 de octubre, las autoridades europeas de control llevan a cabo la campaña ROADPOL «Atención en la carretera», centrada en las distracciones al volante. Los agentes prestan especial atención al uso del teléfono y de otros dispositivos electrónicos, aunque el problema es más amplio. En el transporte profesional, la navegación, la telemática, los mensajes de la central, el cansancio y la monotonía compiten constantemente por la atención del conductor.
No toda pérdida de concentración responde a una decisión imprudente del conductor. Durante una jornada normal, este puede tener que seguir las indicaciones del navegador, atender a la central, revisar avisos del vehículo, consultar datos telemáticos y hacer frente a la presión de los plazos, sin dejar de vigilar los cambios en la carretera.
El Central Institute for Labour Protection – National Research Institute (CIOP-PIB) advierte de que los conductores de flotas están especialmente expuestos a la sobrecarga de atención. La multitarea, la comunicación operativa intensa, las largas horas de conducción y la fatiga forman una combinación de riesgo.
Dos segundos bastan para recorrer 50 metros sin control total
Uno de los ejemplos más claros consiste en apartar brevemente la mirada para consultar una pantalla.
En sus recomendaciones para conductores de flotas, el Central Institute for Labour Protection – National Research Institute explica que a 90 km/h, mirar fuera de la carretera durante dos segundos supone avanzar aproximadamente 50 metros. En ese intervalo, el conductor puede no advertir que un vehículo frena delante, que cambia la disposición de los carriles o que aparece un obstáculo.
El peligro no se limita a sujetar el teléfono mientras se conduce. Leer un mensaje, modificar la ruta en el sistema de navegación o buscar una función en una pantalla táctil puede generar un riesgo similar.
El teléfono no es la única distracción
El conductor profesional trabaja rodeado de señales que reclaman su atención. El teléfono puede llevarlo a apartar la vista y obliga al cerebro a cambiar de tarea de forma constante. Incluso una conversación manos libres mantiene una carga mental considerable. Las pantallas integradas, las aplicaciones telemáticas y los sistemas de navegación también pueden desviar su atención.
La multitarea forma parte de muchas operaciones de transporte. Mientras mantiene el control del vehículo, el conductor puede recibir instrucciones de la central, seguir la ruta, revisar alertas y consultar información telemática.
Pero la atención tiene un límite. Cuantos más avisos llegan al mismo tiempo, más posibilidades hay de que alguno desvíe la atención de lo que sucede en la carretera.
Configura la navegación antes de arrancar
Las medidas preventivas más sencillas se toman antes de iniciar el trayecto. La ruta, la música y los ajustes del vehículo deberían quedar preparados de antemano. Conviene mantener el teléfono fuera del campo de visión inmediato o activar el modo «No molestar». También es recomendable silenciar las alertas innecesarias y utilizar controles por voz en lugar de manipular una pantalla durante la marcha.
La regla práctica es clara: si una tarea exige mirar el dispositivo durante varios segundos o desplazarse por distintos menús, hay que hacerla con el vehículo estacionado.
Las comunicaciones de la empresa también saturan
La distracción no siempre nace de algo que el conductor decide hacer. Según el CIOP-PIB, recibir alertas, notificaciones y mensajes frecuentes de la central puede provocar una sobrecarga de información y elevar el estrés. La telemática facilita la gestión de las rutas y de los vehículos, pero una comunicación mal organizada puede convertir esa misma tecnología en otra fuente de peligro.
Las empresas deberían limitar los mensajes enviados mientras el vehículo está en movimiento y evitar que se acumulen SMS, avisos de aplicaciones y llamadas telefónicas dirigidas al mismo conductor.
La monotonía puede ser tan peligrosa como el exceso de información
El exceso de avisos no es el único problema. Los trayectos largos y repetitivos pueden hacer que la atención se desplace poco a poco. El conductor continúa realizando las maniobras básicas, pero su atención deja de centrarse plenamente en lo que ocurre en la carretera.
Este riesgo aumenta en autopistas, durante la noche o al circular por recorridos conocidos. La monotonía reduce el nivel de alerta, favorece la somnolencia y vuelve la conducción más automática. Si aparece una situación inesperada, la reacción puede ser más lenta.
Descansa antes de que aparezca la somnolencia
Los expertos del CIOP-PIB consideran que las pausas periódicas son una de las herramientas más eficaces para evitar que disminuya la concentración. Sus recomendaciones plantean detenerse cada 2–2,5 horas de conducción, o antes si aparecen señales de cansancio. La pausa debería durar al menos 15 minutos, aunque lo aconsejable es que se prolongue entre 20 y 30 minutos. Salir de la cabina, caminar un poco y moverse ayuda a recuperar la activación. Cuando las circunstancias lo permiten, una siesta breve de 10–20 minutos también puede resultar útil.
Estas paradas adicionales no sustituyen a los descansos obligatorios establecidos por las normas sobre conducción y tiempo de trabajo. Su objetivo es actuar a tiempo, antes de que la fatiga deteriore de forma importante la atención.
Los sistemas de seguridad no sustituyen la atención
Los camiones actuales incorporan cada vez más sistemas de asistencia, como el control de crucero, la asistencia para mantenerse en el carril, los sistemas de vigilancia de la fatiga y el frenado automático.
La tecnología puede reforzar la seguridad, pero también puede tener un efecto negativo. El CIOP-PIB advierte de que la vigilancia puede disminuir cuando el conductor se acostumbra a depender durante mucho tiempo de estas ayudas. En ese caso, puede observar la carretera de forma menos activa y sobrevalorar las capacidades del vehículo. Si surge una situación fuera de lo habitual, recuperar plenamente el control puede llevar más tiempo.
Los sistemas de asistencia deben ayudar al conductor, nunca sustituir su atención.
La regla más sencilla: la carretera es lo primero
Las recomendaciones del instituto muestran que las distracciones de los conductores profesionales rara vez tienen una sola causa. El cansancio, la presión de los plazos, la comunicación con la empresa, la tecnología y la rutina suelen coincidir. Reducir el riesgo exige, por tanto, mucho más que dejar el teléfono a un lado.
Todo lo que pueda prepararse antes de salir debe hacerse con el camión estacionado. Una vez en movimiento, las tareas ajenas a la conducción deben reducirse al mínimo imprescindible.
Este enfoque puede ayudar a evitar una sanción durante la semana de controles de ROADPOL. Sobre todo, permite afrontar un peligro cotidiano: a la velocidad de un camión, unos pocos segundos de distracción bastan para recorrer decenas de metros sin controlar por completo lo que sucede delante.









