La conclusión es clara: el transporte por carretera en Europa ha entrado en una etapa de presión constante sobre los costes. Esperar una mejora del mercado ya no es suficiente. Para muchas empresas, la única salida pasa por reducir gastos, digitalizar operaciones y mejorar la eficiencia diaria. Así lo señalaron los expertos que participaron en un webinar organizado por The European Road Transport Institute (EITD), Trans.INFO y Eurowag.
Costes laborales: menos margen para las empresas
Los costes laborales siguen siendo uno de los principales problemas para los transportistas europeos. El aumento de las cotizaciones sociales y la presión salarial obligan a las empresas a buscar fórmulas legales que permitan reducir gastos sin afectar al salario neto de los conductores.
Entre las soluciones más utilizadas aparecen determinados complementos o compensaciones vinculadas a la seguridad laboral, las dietas o los gastos relacionados con el trabajo en ruta, siempre dentro de los marcos legales nacionales.
Al mismo tiempo, muchas empresas están revisando la organización del trabajo. Algunos sistemas habituales en el transporte internacional, como el modelo «2/1» —dos semanas en ruta y una de descanso—, empiezan a perder rentabilidad con el actual nivel de costes sociales. Por eso, cada vez más operadores intentan aumentar el tiempo efectivo de utilización de los vehículos y optimizar la disponibilidad mensual de los conductores.
Los expertos también advirtieron sobre el riesgo de recurrir masivamente a fórmulas de falsos autónomos o contratos B2B únicamente para reducir costes. En varios países europeos, las inspecciones laborales están intensificando los controles sobre este tipo de prácticas y endureciendo las sanciones.
El combustible sigue marcando la diferencia
El combustible continúa representando entre el 30 % y el 40 % de los costes operativos del transporte. A esto se suma otro problema: muchas empresas atraviesan dificultades de liquidez y agotan rápidamente los límites disponibles en sus tarjetas de combustible.
Como consecuencia, algunos conductores se ven obligados a repostar pequeñas cantidades a precios minoristas, sin acceso a descuentos negociados previamente.
Por eso, la planificación detallada de los repostajes se está convirtiendo en una herramienta clave para reducir costes. Las empresas calculan cada vez con más precisión el nivel mínimo de combustible necesario para llegar a estaciones concretas donde disponen de mejores condiciones comerciales.
También crece el interés por el HVO, un diésel sintético que puede utilizarse en gran parte de las flotas actuales sin modificaciones técnicas importantes. Además de reducir emisiones de CO2, este combustible permite acceder a contratos «verdes» mejor remunerados sin necesidad de invertir en nuevos camiones eléctricos.
Digitalización y automatización para ganar eficiencia
Los especialistas coinciden en que la reducción de costes pasa hoy por una digitalización más profunda de las operaciones. Los sistemas TMS ya no pueden funcionar únicamente como herramientas administrativas. Cada vez más empresas los utilizan para analizar la rentabilidad de rutas, clientes o servicios concretos.
La automatización y la inteligencia artificial también empiezan a ganar espacio en el sector. Soluciones capaces de importar automáticamente costes, procesar documentos o transcribir órdenes de transporte ayudan a reducir la carga administrativa y permiten a los equipos centrarse en tareas comerciales y operativas.
Al mismo tiempo, la integración de la telemática con aplicaciones para conductores y sistemas digitales de documentación acelera los procesos diarios y mejora el control sobre los costes de cada trayecto. La digitalización también permite reducir el tiempo entre la entrega de la mercancía y la emisión de la factura, algo especialmente importante para empresas con problemas de flujo de caja.
Un mercado cada vez más exigente
Los primeros meses de 2026 no trajeron la recuperación que esperaba el sector. Aunque algunas tarifas spot aumentaron, muchos transportistas siguen sin mejorar su rentabilidad.
No estamos viendo una recuperación sólida del mercado. Muchas tarifas suben simplemente porque los transportistas intentan trasladar a sus clientes unos costes operativos cada vez mayores —explica Michał Pakulniewicz, analista del mercado del transporte en el EITD.
La situación se complica además por el desfase entre la realidad del mercado y los mecanismos contractuales de protección frente al aumento del combustible.
Las cláusulas de combustible reaccionan demasiado lentamente y no siguen el ritmo del mercado. Cada vez más empresas agotan rápidamente los límites de sus tarjetas y terminan repostando pequeñas cantidades a precios muy altos —señala Tomasz Czyż, experto en soluciones tecnológicas de Eurowag.
A esto se añade el aumento constante de los peajes europeos y de los recargos vinculados a las emisiones de CO2, que encarecen prácticamente todas las rutas internacionales.
Las diferencias fiscales y sociales entre países europeos también están intensificando la competencia entre transportistas. Según los expertos, algunas empresas operan con estructuras de costes mucho más favorables que otras, lo que aumenta la presión sobre todo el mercado.
Perspectivas para la segunda mitad del año
La segunda mitad de 2026 tampoco apunta a una mejora rápida. Los indicadores industriales en Alemania y en la eurozona siguen mostrando debilidad, lo que limita la demanda de transporte internacional por carretera.
Aunque el precio del petróleo podría moderarse ligeramente en los próximos meses, los analistas creen que seguirá en niveles elevados para buena parte del sector. Para muchos transportistas, la reducción de costes y la digitalización ya no son una opción, sino una condición necesaria para seguir siendo competitivos en el mercado europeo.









