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El coste de la última milla aumenta, pero los clientes priorizan la fiabilidad sobre la rapidez

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El coste de las entregas de última milla sigue aumentando en la región EMEA. En el último año, el incremento típico fue del 9 por ciento, según un nuevo informe de FarEye. Sin embargo, las tarifas de los transportistas son solo una parte del problema. La falta de datos fiables, la escasa visibilidad operativa y las entregas fallidas también elevan los gastos, especialmente en las redes externalizadas. El estudio muestra por qué controlar los costes exige analizar todo el proceso de entrega, y no únicamente el precio del transporte.

Este texto ha sido traducido mediante una herramienta automática, por lo que podría contener algunas imprecisiones. Le agradecemos su comprensión.

Principales conclusiones:

  • El 96 por ciento de las empresas consultadas afirma que ha aumentado el coste por entrega. El incremento interanual habitual se sitúa en el 9 por ciento.
  • El 76 por ciento de los operadores asegura que sus costes crecen al menos al mismo ritmo que sus ingresos.
  • Entre las compañías que externalizan por completo sus entregas, el 51 por ciento señala la información poco fiable de los transportistas como su mayor problema, frente al 22 por ciento que apunta directamente al coste.
  • El 63 por ciento de los encuestados considera que la fiabilidad es la principal prioridad de sus clientes, mientras que solo el 11 por ciento señala la rapidez.
  • El 69 por ciento de las empresas ya utiliza inteligencia artificial o está implantándola, pero solo el 18 por ciento la ha desplegado a gran escala.

El informe «Eye on the Last Mile EMEA 2026» reúne las respuestas de más de 500 representantes de empresas cargadoras y compañías logísticas de Europa, Oriente Medio y África. El análisis se basa en más de 4.000 datos obtenidos a través de 32 preguntas.

El dato más contundente está relacionado con el coste de las entregas. El 96 por ciento de los participantes pagó más por una entrega individual que el año anterior. El incremento interanual habitual se situó en el 9 por ciento.

La evolución de los ingresos ofrece una perspectiva todavía más preocupante. Para el 76 por ciento de los encuestados, los costes aumentan al menos tan rápido como la facturación. Entre las empresas que gestionan sus propias flotas, el 60 por ciento afirma que sus gastos crecen más rápido que sus ingresos. En las compañías que externalizan todas sus entregas, ese porcentaje se sitúa en el 26 por ciento.

El gasto final tampoco se explica únicamente por el combustible o la planificación de rutas. Los intentos de entrega fallidos, la gestión de incidencias y las consultas de los clientes también terminan engrosando la factura.

Externalizar no elimina todos los problemas

Un 36 por ciento de las empresas cargadoras prevé aumentar el volumen de entregas gestionadas por socios externos. Según el estudio, la flexibilidad operativa pesa más que el ahorro como motivo para recurrir a la externalización. Sin embargo, cuanto mayor es la dependencia de proveedores externos, más importante resulta la calidad de la información que proporcionan los transportistas.

Entre las compañías que delegan toda la distribución, el 51 por ciento considera que la información poco fiable de los transportistas es su principal desafío. Solo el 22 por ciento sitúa el coste en el primer puesto.

Externalizar las entregas puede aportar flexibilidad operativa, pero no elimina la necesidad de supervisar su ejecución ni de disponer de información fiable sobre cada envío. Las empresas necesitan saber qué ocurre realmente con sus entregas y comprobar que los datos recibidos de sus colaboradores son precisos y están actualizados.

Gráfico: «Eye on the Last Mile EMEA 2026»

El cliente prioriza la fiabilidad, no la velocidad

El informe revela una diferencia entre los servicios que promocionan las empresas y los atributos que, según los operadores consultados, más valoran sus clientes. El 63 por ciento de los encuestados considera que la fiabilidad es la principal prioridad de sus clientes, frente al 11 por ciento que señala la rapidez.

Aun así, el 43 por ciento de las compañías ofrece entregas en el mismo día o servicios exprés. En cambio, solo el 27 por ciento muestra una fecha estimada de entrega antes de que el cliente finalice la compra.

Estos datos apuntan a que algunas empresas siguen destinando grandes recursos a acortar los plazos, aunque sus clientes podrían estar más interesados en saber cuándo llegará el paquete y en poder confiar en esa promesa.

La inteligencia artificial avanza, pero aún no se utiliza a gran escala

El 69 por ciento de las empresas participantes ya ha incorporado la inteligencia artificial a sus operaciones de reparto o está trabajando para hacerlo. Sin embargo, solo el 18 por ciento ha desplegado estas soluciones a gran escala.

El informe identifica la falta de capacidades, la calidad de los datos y la integración entre sistemas como barreras más relevantes que las limitaciones presupuestarias. Entre los usos actuales figuran la previsión de la demanda, la atención al cliente, la estimación de los plazos de entrega y la optimización de rutas.

La conclusión coincide con una de las ideas centrales del estudio: la tecnología no puede resolver los problemas operativos si los datos de partida son incoherentes o llegan demasiado tarde.

Calcular el coste real de la última milla resulta cada vez más difícil

La principal conclusión del informe no se refiere únicamente al nivel de gasto, sino también a su origen. En la última milla, una parte del coste total se genera fuera del propio trayecto: las entregas fallidas, los cambios operativos, los contactos con los clientes y las interrupciones en el flujo de información contribuyen a elevar la factura final.

Por eso, la tarifa que ofrece un transportista no siempre refleja el coste real de completar una entrega. Cargadores y operadores deben mirar más allá del precio por kilómetro o por envío y medir todo el proceso necesario para entregar correctamente un paquete. Ahí es donde se hace más visible el reto de la última milla: suben los precios, pero también aumentan los puntos en los que una operación puede generar gastos adicionales.

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