La actividad industrial en la zona euro sigue oscilando en el límite entre la expansión y la desaceleración, y la demanda de servicios de transporte permanece inestable y excepcionalmente sensible a los impulsos a corto plazo. Al mismo tiempo, el mercado europeo no dispone de un excedente de camiones que pueda absorber aumentos repentinos de volumen. Esta tensión se ha convertido ahora en una de las características clave del sector logístico.
La capacidad limitada es el resultado de años de ajuste
La disminución actual en la capacidad de transporte disponible no es el resultado de un choque puntual. Es consecuencia de un ajuste de varios años que comenzó después de la pandemia y se profundizó durante la desaceleración económica de 2023–2024.
Durante este período, el número de quiebras en el sector del transporte y almacenamiento en Europa aumentó en aproximadamente 180 proc. en comparación con los niveles de referencia históricos. Una parte significativa de los pequeños y medianos transportistas desapareció del mercado; otros redujeron sus flotas o suspendieron inversiones. En la práctica, esto significó la eliminación del tradicional “colchón de seguridad” en forma de capacidad de transporte adicional.
Es importante destacar que la capacidad de transporte no se está reconstruyendo al ritmo de la demanda. Los operadores son cautelosos a la hora de adquirir nuevos vehículos, enfrentándose a costos regulatorios crecientes y a la incertidumbre relacionada con futuros peajes, nuevas obligaciones de reporte y cambios en las reglas para el transporte transfronterizo.
“Este no es un problema cíclico que se resolverá rápidamente,” explica Tomas Šilinikas, Director de Precios en Girteka. “Incluso cuando la demanda se debilita, ya no hay suficientes camiones disponibles en el mercado para suavizar las fluctuaciones. Por eso, las tarifas spot no bajan como antes, a pesar del frágil estado de la demanda interna en la Unión Europea.”
La escasez de conductores se suma a la presión
Un factor adicional que limita la flexibilidad del mercado es la creciente escasez de conductores. En 2024 quedaron sin cubrir 426 000 puestos en Europa, y la cifra sigue aumentando. Una fuerza laboral envejecida y un insuficiente flujo de nuevos empleados significa que, incluso cuando los vehículos están disponibles, no hay suficientes personas para operarlos.
Como resultado, la flexibilidad del lado de la oferta sigue estando gravemente limitada, lo que amplifica la volatilidad y dificulta la planificación operativa estable.
La volatilidad como característica estructural del mercado
Cada vez más datos indican que la inestabilidad actual no es temporal. La actividad manufacturera en la zona euro sigue oscilando alrededor del umbral de estancamiento, y los indicadores PMI se mantienen en niveles que señalan un debilitamiento de las condiciones económicas.
El crecimiento económico, cuando ocurre, es impulsado principalmente por el consumo doméstico en lugar de las exportaciones. Esto significa que la demanda de transporte de carga reacciona incluso a pequeños cambios en el sentimiento del mercado.
Los factores de costo y normativos también contribuyen a la volatilidad. Aunque los precios del diésel ahora son más estables que durante la crisis energética de 2022, las tensiones geopolíticas dificultan la planificación. Además, los operadores enfrentan una creciente presión regulatoria, cada vez más referida como “inflación regulatoria”.
El primer indicio claro fue el aumento en los peajes en Alemania vinculado a las emisiones de dióxido de carbono. Para mediados de 2026, los Países Bajos planean reemplazar la Euroviñeta con un sistema de peajes basado en la distancia, y es probable que otros países sigan su ejemplo. En muchos países, los peajes ya representan en promedio alrededor del 14 proc. de los costos totales de transporte, y en algunos carriles incluso alrededor del 23 proc.
A esto se suman las interrupciones climáticas —desde olas de calor hasta inundaciones que dañan la infraestructura— que aumentan aún más la imprevisibilidad operativa.
“Tomado en su conjunto, esto significa que la volatilidad no está impulsada únicamente por los ciclos de demanda, sino que resulta de una compleja interacción de factores económicos, regulatorios y ambientales,” resume Tomas Šilinikas.
Resiliencia en lugar de reactividad
En tales condiciones, la resiliencia ya no significa simplemente responder rápidamente a las interrupciones. Cada vez más, se trata de diseñar redes logísticas capaces de absorber choques sin perder estabilidad.
Uno de los elementos clave de esta estrategia es un retorno a los contratos a largo plazo. Después de que las tarifas spot cayeran a finales de 2025, la brecha entre los mercados spot y de contratos se redujo significativamente, reforzando la importancia de relaciones estables.
“Los contratos a largo plazo ya no son solo una cuestión de precio,” enfatiza Šilinikas. “Se trata de acceso garantizado a la capacidad de transporte. En un mercado estructuralmente ajustado, ser un socio preferido determina si los bienes se moverán sin problemas.”
Al mismo tiempo, la digitalización se está volviendo cada vez más importante. La analítica predictiva, la visibilidad 24/7 y la modelización de escenarios permiten a los transportistas y cargadores identificar cuellos de botella más rápidamente y gestionar los recursos de manera más flexible. Los modelos de precios también están cambiando, con cláusulas de combustible y peajes flexibles y ciclos de licitación más cortos jugando un papel cada vez mayor.
De los costos a la gestión de riesgos
Desde la perspectiva de un cargador, la volatilidad del mercado significa no solo oportunidades potenciales de costo, sino sobre todo el riesgo de escasez de capacidad de transporte en momentos críticos.
Por eso, la resiliencia de la cadena de suministro se construye cada vez más a través de la colaboración: pronósticos conjuntos, compromisos de volumen transparentes y planificación que tenga en cuenta la estacionalidad, promociones o cambios regulatorios. El objetivo ya no es encontrar la ruta más barata; se trata de asegurar la continuidad de las entregas en condiciones de incertidumbre.
Perspectivas para 2026: más estabilidad, mayor complejidad
La mayoría de los indicadores apuntan a una recuperación lenta y gradual, sin un rebote pronunciado. Se espera que el crecimiento económico en Europa se mantenga moderado e impulsado principalmente por el consumo familiar.
Al mismo tiempo, la complejidad del mercado aumentará. Los costos regulatorios, la declaración de emisiones, los sistemas de peaje y los requisitos de ESG afectarán cada vez más a los precios y la disponibilidad de la capacidad de transporte. Las empresas que pospongan la adaptación a estos cambios corren el riesgo de sufrir choques de costos repentinos o una falta de capacidad operativa.
El mercado logístico europeo ya no está definido por un ciclo simple de subidas y bajadas. La volatilidad y la limitada disponibilidad de capacidad de transporte se están convirtiendo en sus características permanentes. En 2026, el éxito estará determinado por la capacidad de combinar señales macroeconómicas, transformación regulatoria y factores ambientales en una estrategia coherente.









