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136 repostajes fraudulentos y 68.000 euros de pérdidas. Cómo puede detectar antes el fraude un transportista

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Dos tarjetas de combustible robadas a una empresa croata de transporte habrían sido utilizadas durante varios meses para repostar vehículos a costa de la compañía. Según la Fiscalía, con ellas se realizaron 136 operaciones y se cargaron en total unos 54.000 litros de gasóleo. Las pérdidas fueron estimadas en 68.000 euros. El caso sirve de advertencia para los transportistas, especialmente porque, según lo expuesto durante el proceso, en el fraude también podrían haber estado implicados empleados de la empresa perjudicada.

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Lo más destacado:

  • Según la Fiscalía, se realizaron 136 repostajes utilizando dos tarjetas de combustible robadas.
  • El combustible fue cargado en 84 vehículos y el volumen total alcanzó unos 54.000 litros de gasóleo.
  • Las pérdidas de la empresa croata de transporte se estimaron en unos 68.000 euros.
  • Durante el juicio, el acusado señaló a dos presuntos cómplices que habrían trabajado en la empresa perjudicada: uno como conductor de camión y otro en tareas de control de facturas.
  • Un experto advierte de que proteger la tarjeta únicamente con un PIN no es suficiente: también son importantes los límites, la supervisión de las transacciones y una adecuada separación de permisos.

136 repostajes, 84 vehículos y 54.000 litros de gasóleo

El caso comenzó tras la denuncia de una empresa croata de transporte a la que le habían sido robadas dos tarjetas de combustible.

En marzo de 2026, la Policía de Salzburgo informó inicialmente de al menos 84 repostajes y de unas pérdidas cercanas a 68.000 euros. La investigación posterior reveló una escala mayor.

Durante el juicio ante el Tribunal Regional de Salzburgo, el fiscal señaló que las tarjetas fueron utilizadas 136 veces entre septiembre de 2025 y enero de 2026. El combustible habría sido cargado en 84 vehículos y el volumen total alcanzó unos 54.000 litros de gasóleo.

Según lo expuesto ante el tribunal, el acusado, de 29 años, ofrecía a otras personas la posibilidad de repostar gasóleo a 1 euro por litro. El pago en la estación del distrito de Gnigl se realizaba con las tarjetas pertenecientes al transportista croata, mientras que los conductores entregaban el dinero en efectivo a la persona que organizaba el fraude.

Algunos clientes acudían no solo con sus vehículos, sino también con bidones.

La investigación apunta también a empleados de la empresa de transporte

Uno de los elementos más relevantes para las empresas de transporte apareció durante el proceso judicial.

El acusado declaró que entregaba el dinero recibido de las personas que repostaban a quienes, según él, le habían proporcionado las tarjetas robadas. Tras ser interrogado, dio los nombres de dos supuestos cómplices.

Según la información conocida durante el juicio, ambos habrían trabajado para la empresa croata perjudicada: uno como conductor de camión y el otro como empleado encargado de revisar facturas.

El fiscal anunció nuevas actuaciones en relación con estas personas. Por ahora se trata de acusaciones y declaraciones que todavía deben ser investigadas; su responsabilidad no ha sido establecida mediante una sentencia firme.

El propio acusado habría reconocido además que repostó para su uso unos 2.500 litros de combustible sin pagarlos.

Un PIN por sí solo no protege a la empresa

El caso de Salzburgo demuestra que el riesgo va más allá del simple robo físico de una tarjeta.

Andrei Arkhutsik, Product Manager de E100, señala que uno de los errores más comunes es confiar en una única medida de seguridad.

En el caso de las tarjetas de combustible, uno de los mayores errores es asumir que una sola protección, como un PIN, un límite o el bloqueo de la tarjeta, garantiza la seguridad. El riesgo puede aparecer en distintas fases — explica.

La base sigue siendo tratar la tarjeta de combustible como una tarjeta bancaria: el conductor no debería entregarla a otras personas, el PIN no debería guardarse junto a ella y cualquier pérdida debería provocar una reacción inmediata.

Por parte de la empresa, es igualmente importante saber qué tarjetas están activas, a qué vehículos están asignadas y quién está autorizado a utilizarlas.

Qué repostajes deberían despertar sospechas

No toda operación atípica significa necesariamente un fraude. Varios repostajes en un mismo día o un volumen superior al habitual pueden responder a necesidades operativas reales.

La señal de alerta aparece sobre todo cuando coinciden varias incoherencias.

Según el experto, deberían revisarse especialmente situaciones como:

  • varios repostajes en un periodo muy corto;
  • un volumen de combustible inusualmente elevado;
  • un cambio repentino en la frecuencia de uso de la tarjeta;
  • una operación en un lugar que no encaja con la ruta prevista;
  • una transacción realizada lejos de la ubicación real del camión.

Un evento atípico debería activar una verificación, no llevar automáticamente a concluir que se ha producido un fraude — subraya Arkhutsik.

Por eso resulta importante comparar la hora y el lugar de la transacción con el historial de la tarjeta, la ruta y la posición real del vehículo.

Los límites de la tarjeta deben ajustarse al trabajo real del camión

Una de las formas de reducir las posibles pérdidas es configurar correctamente las tarjetas. Los límites pueden referirse al importe, al número de litros, al número de operaciones, a determinados países o incluso a estaciones concretas. No deberían fijarse de manera arbitraria ni mantenerse sin cambios durante años.

A la hora de configurarlos conviene tener en cuenta la capacidad de los depósitos, el volumen habitual de cada repostaje, la frecuencia, las rutas realizadas y el modo real de utilización del vehículo.

Un límite demasiado bajo puede dificultar el trabajo del conductor. Uno demasiado alto deja, en cambio, un margen innecesario para el uso indebido de la tarjeta.

Si una sola persona pide las tarjetas y controla las liquidaciones, aumenta el riesgo

El caso austríaco también llama la atención sobre el riesgo interno.

Si la misma persona puede solicitar tarjetas, modificar sus parámetros, controlar las transacciones y revisar después los gastos, desaparece prácticamente cualquier control independiente.

Esa misma persona puede realizar una operación sensible y después supervisarla ella misma — señala Arkhutsik.

El experto recomienda separar al menos tres ámbitos: la solicitud y configuración de tarjetas, el control diario de las transacciones y la liquidación de los gastos.

Esto no significa necesariamente que hagan falta tres puestos distintos. Lo importante es que exista un segundo punto de control en las operaciones más sensibles.

Cuando sea posible, puede aplicarse además el principio de “cuatro ojos”, es decir, que determinadas modificaciones requieran la aprobación de una segunda persona.

Tarjetas y permisos deben revisarse periódicamente

La lista de tarjetas activas no debería revisarse únicamente después de detectar una irregularidad. Según el experto, una revisión completa de tarjetas y permisos al menos una vez por trimestre puede ser un punto de referencia razonable.

Además, conviene realizar una comprobación inmediata tras la salida de un empleado, un cambio de conductor, la venta de un vehículo o una modificación de responsabilidades.

La empresa debería comprobar, entre otras cosas:

  • si cada tarjeta activa sigue siendo necesaria;
  • si está asignada al vehículo o usuario correcto;
  • si se han desactivado las tarjetas vinculadas a vehículos retirados;
  • si los empleados siguen necesitando todos los permisos concedidos;
  • quién dispone de acceso administrativo al sistema de tarjetas.

¿Repostaje sospechoso? Los primeros minutos son decisivos

Si una empresa detecta una operación que puede indicar un uso no autorizado, el primer paso no debería ser analizar durante horas todo el historial.

En una situación así, en realidad no hablamos de horas, sino de los primeros minutos. Lo primero debería ser impedir nuevas transacciones mediante el bloqueo temporal de la tarjeta o del acceso afectado — afirma Arkhutsik.

Después conviene conservar inmediatamente los datos necesarios para aclarar lo ocurrido: hora y lugar exactos del repostaje, información de la operación y de la tarjeta utilizada, ubicación real del vehículo e historial de transacciones anteriores.

Si existe la sospecha de que el problema puede afectar también a las cuentas de usuario, deberían revisarse igualmente los permisos y accesos al sistema.

El siguiente paso debería ser contactar con el emisor de la tarjeta para comprobar si han aparecido más operaciones sospechosas e iniciar el procedimiento de investigación.

El riesgo no se limita al robo físico de la tarjeta

El caso de Salzburgo muestra que el control de las tarjetas de combustible no puede limitarse a proteger el plástico y el PIN.

Según los datos presentados durante el proceso, las tarjetas robadas habrían sido utilizadas durante varios meses y una de las líneas de investigación conduce también a personas relacionadas con la propia empresa perjudicada.

Para el transportista, esto significa que la prevención debe abarcar al mismo tiempo tres áreas: el comportamiento de los usuarios, la configuración de tarjetas y permisos, y los propios datos de las transacciones.

Cuanto mayor es la flota, más difícil resulta detectar manualmente este tipo de patrones. Las revisiones periódicas, los límites bien ajustados, las alertas sobre operaciones inusuales y la comparación entre el lugar de repostaje y la ruta real del camión pueden ayudar a detectar el problema antes de que se acumulen decenas de transacciones no autorizadas.

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