Una situación que no hace mucho se describía como difícil ahora muchos empresarios la califican abiertamente de crisis existencial. El detonante de la escalada de tensión es la fuerte subida de los precios del combustible, impulsada por la situación geopolítica y el encarecimiento del crudo en los mercados globales.
Los precios del combustible suben semana tras semana
En Alemania, la magnitud de las subidas es especialmente visible. Los datos de la asociación de automovilistas ADAC muestran que el precio medio de un litro de diésel ha alcanzado €2.288, lo que supone un aumento de 12.6 céntimos en una semana.
En algunos momentos puntuales de los últimos días, los precios fueron incluso más altos. El diésel se acercó al récord histórico de marzo de 2022, alcanzando €2.310 por litro.
Las subidas se deben principalmente a las tensiones en Oriente Medio y al aumento del precio del crudo Brent, que en ocasiones ha superado los $110 por barril.
Costes que están erosionando la rentabilidad
El encarecimiento del combustible afecta de inmediato a los resultados de las empresas de transporte. Los empresarios no tienen dudas de que la magnitud de la carga empieza a descontrolarse.
El ejemplo de Alemania es revelador. Markus Barth, propietario de una flota de 60 camiones, estima que los costes adicionales de combustible ascienden ya a unos €25,000 por semana.
Según Barth, que habló con el diario “Nordkurier”, esto es solo una parte del problema. Ya antes, el sector se había visto afectado por el aumento de las tarifas de peaje. Tras la subida de diciembre de 2023, los costes mensuales pasaron de alrededor de €1,000 a €1,800 por vehículo.
Otra carga adicional son los llamados recorridos en vacío, que representan alrededor del 20 % de las rutas de larga distancia. Son costes que no se pueden repercutir al cliente.
Alemania: protestas ya en la calle
La creciente frustración entre los transportistas ha empezado a traducirse en acción. El 25 de marzo tuvo lugar una protesta en Cottbus, durante la cual un convoy de unos 50 camiones recorrió la ciudad.
El sector lanzó un mensaje claro: “Si nosotros paramos, se para todo el país”. Los transportistas subrayan que sin transporte por carretera no hay entregas a las tiendas ni cadenas de suministro que funcionen.
Las protestas coincidieron con una conferencia de ministros de Transporte, reforzando aún más su mensaje político.
Francia: movilización en todo el país
En Francia, las protestas apenas están ganando impulso, pero su alcance podría ser significativamente mayor. La organización OTRE ha anunciado una serie de acciones en distintas regiones del país.
El 28 de marzo, los transportistas saldrán a la calle en Lyon y Clermont-Ferrand. Se prevén nuevas movilizaciones, entre otras, en la región de Île-de-France y en Occitania, donde hay programada una protesta el 1 de abril en Toulouse.
“Ha llegado el momento de actuar. Hoy, la indignación ha sustituido a la incomprensión”, subrayan representantes de OTRE. La organización advierte de que las empresas están al borde de la quiebra y de que las medidas actuales del Gobierno son insuficientes.
El sector reclama, entre otras cosas:
- una ayuda por vehículo a tanto alzado, basada en las soluciones aplicadas en 2022,
- descuentos inmediatos y específicos en el combustible.
Según las estimaciones de la organización, la desaparición de 2,000 pequeñas y medianas empresas de transporte podría costarle al Estado hasta €16 billion.
Italia: la protesta de los “padroncini”
La tensión también se hace cada vez más visible en Italia. En el puerto de Rávena, protestaron los llamados padroncini, es decir, transportistas individuales, propietarios de un único camión. El motivo es sencillo: los costes suben y los ingresos bajan.
Desde finales de febrero, el precio del diésel en Italia ha aumentado un 24 %, superando los €2 por litro. Al mismo tiempo, las tarifas de transporte bajaron de alrededor de €2 por kilómetro a €1.6 y, en casos extremos, incluso a €1.1.
Esto significa una cosa: los márgenes ya no cubren los costes operativos básicos.
Polonia: intervención del Gobierno y escepticismo del sector
En este contexto, Polonia está preparando medidas de protección. El Gobierno ha anunciado el paquete “Lower Fuel Prices”, que incluye:
- reducir el IVA del 23 % al 8 %,
- rebajar el impuesto especial al mínimo de la UE,
- introducir precios máximos del combustible.
En la práctica, esto supone una rebaja del impuesto especial de 29 groszy en la gasolina y 28 groszy en el diésel, y los precios podrían bajar hasta alrededor de PLN 1.2 por litro.
Sin embargo, el sector del transporte afronta estos anuncios con mucha cautela.
“Esta solución no protegerá los puestos de trabajo polacos, no apagará el impulso inflacionista y no creará un escudo para el emprendimiento”, afirma Maciej Wroński, presidente de Transport Logistyka Polska.
IRU: las cadenas de suministro, en riesgo en toda la UE
La IRU también se ha pronunciado sobre la creciente crisis. El 24 de marzo, pidió a los ministros de Transporte de la UE una actuación inmediata y coordinada a nivel de la UE.
La organización advierte de que el aumento de la volatilidad del mercado y la presión del lado de la oferta ya se están traduciendo en precios del combustible en máximos históricos y disrupciones operativas reales. Como resultado, la continuidad del transporte por carretera en toda la Unión está en riesgo.
“El transporte por carretera está muy expuesto a los shocks del precio del combustible y, al mismo tiempo, es esencial para la economía y la sociedad de la UE. Sin una actuación rápida y coordinada, existe un riesgo real de graves disrupciones en las cadenas de suministro y en la movilidad de las personas en toda la Unión”, subrayó Raluca Marian, directora de la IRU para la UE.
La magnitud del problema es enorme. Los precios del combustible han subido un 30–35 % en toda la UE desde el inicio de la crisis, mientras que el combustible representa alrededor de un tercio de los costes operativos de las empresas de transporte. Al mismo tiempo, muchas compañías operan con márgenes del 1–3 %, lo que hace prácticamente imposible absorber nuevas subidas.
La IRU también señala el aumento de las disrupciones en los corredores de transporte: desde retrasos en las entregas, pasando por una disponibilidad limitada de combustible, hasta el fenómeno del “turismo de combustible”, que desestabiliza aún más el mercado.
La organización advierte de que las medidas descoordinadas de los Estados miembros pueden provocar la fragmentación del mercado interior y agravar la crisis.
Europa, en una encrucijada
La situación del sector del transporte en Europa muestra cada vez más que no solo nos enfrentamos a una crisis de costes, sino también a una crisis estructural. En muchos países, los transportistas señalan la competencia desleal y la falta de una política de combustibles coordinada que proteja el mercado interior.
Las protestas que ahora comienzan pueden ser solo el inicio de un movimiento más amplio. Como subrayan los representantes del sector, si las medidas actuales no dan resultados, los próximos pasos podrían ser mucho más radicales. Una cosa es segura: el transporte por carretera —la savia de la economía europea— ha llegado a un punto crítico.









