Hablamos con Ewa Węgorkiewicz, Chief Customer Experience Officer y miembro del consejo de administración de Trans.eu, sobre por qué muchos transportistas se están alejando de los contratos a largo plazo, cómo la analítica de comportamiento reduce la negociación “a ciegas” y qué están haciendo las plataformas digitales para ir por delante de los ciberdelincuentes.
Un mercado que cambia de reglas: datos para moverse en la montaña rusa
Artur Lysionok, editor de trans.iNFO y coordinador de IA y desarrollo de negocio: El transporte por carretera en Europa lleva tiempo en modo montaña rusa: costes operativos disparados, menos carga disponible y una presión enorme sobre las tarifas. Con esta volatilidad, ¿el mercado spot es un salvavidas para el transportista o se ha convertido en un ring donde solo se sobrevive?
En realidad, es ambas cosas, y no son ideas opuestas. El sector atraviesa un cambio de fondo que va más allá del ciclo económico habitual. Entre la incertidumbre geopolítica, los vaivenes del precio de la energía, la presión normativa y unas cadenas de suministro cada vez más fragmentadas, planificar a largo plazo se ha convertido en un lujo que muchos operadores ya no pueden permitirse.
Con márgenes bajo una presión inédita, el mercado spot funciona como red de seguridad porque permite ajustar el precio a la realidad de cada día, en lugar de quedar atado a un contrato que no acompasa los costes actuales.
Ahora bien, la misma rapidez y apertura que hacen valioso el spot también son su punto débil. Esa “ventana” facilita la entrada de actores malintencionados y, por tanto, eleva la exposición al fraude, algo mucho menos frecuente en mercados cerrados o en relaciones bilaterales estables. Por eso, además de oportunidad, es supervivencia. La cuestión clave es: cuando manda la urgencia por cubrir capacidad, ¿cómo se mantiene la certeza de estar tratando con un socio fiable?
Antes, el spot se usaba sobre todo para asegurar retornos y reducir viajes en vacío. Hoy, para muchas empresas ya es una fuente principal de ingresos. ¿Los datos de Trans.eu confirman un cambio estructural: menos dependencia de la logística contractual y más apuesta por la flexibilidad del spot?
Sí, lo vemos claramente. En 2026 estamos procesando de forma constante un volumen muy alto de ofertas de carga cada mes en Trans.eu. Solo en la última semana de marzo alcanzamos un récord histórico: casi un 14 % por encima del pico anterior de junio de 2025. El crecimiento lo lideraron Polonia, la región DACH y los países bálticos.
Pero lo verdaderamente relevante no es solo el volumen, sino el porqué. Cada vez más transportistas rechazan contratos a largo plazo porque no reflejan los costes reales, y en momentos de tensión de mercado los niveles de rechazo en acuerdos marco pueden dispararse.
Los cargadores lo han percibido y, en lugar de verlo como un fallo de planificación, muchos están diversificando capacidad de forma deliberada hacia el spot. ¿La razón? Responde a la demanda real del momento y conecta con transportistas que de verdad tienen disponibilidad y el incentivo para ejecutar. Los contratos largos aportan certidumbre de precio, pero no garantizan la prestación. El spot, cada vez más, sí.
Hay quien acusa a las plataformas digitales de impulsar el “dumping” de precios y de presionar las tarifas a la baja con sugerencias algorítmicas. ¿Qué responde a la idea de que la tecnología no estabiliza, sino que alimenta una carrera hacia el mínimo?
Trans.eu actúa, ante todo, como un puente: facilita el contacto directo entre cargadores, operadores y transportistas para que colaboren de forma eficiente. Nosotros aportamos herramientas para mejorar el proceso, pero la decisión de cerrar el acuerdo corresponde exclusivamente a las partes. Ofrecemos la infraestructura digital para negociar; no intervenimos ni supervisamos las condiciones concretas que deciden.
Dicho esto, cuestionaría el planteamiento. Una sugerencia de precio basada en transacciones reales no “fija” la tarifa: refleja lo que está ocurriendo en ese momento, en esa ruta y con la capacidad disponible.
Lo que sí empuja a una carrera hacia abajo es justo lo contrario de la transparencia: negociar a ciegas, sin referencias de lo que sería una tarifa de mercado razonable. Ese es el terreno donde prospera el recorte por recorte. Los datos agregados y visibles no provocan el problema; reducen la asimetría de información que lo hace posible.
En el lado positivo, Trans.eu dispone de un enorme volumen de datos transaccionales. ¿Cómo se convierten esos datos y la analítica (por ejemplo, herramientas tipo Market Insights) en ayuda real para presupuestar y valorar el riesgo, en lugar de “adivinar” tarifas?
Tener datos no basta: el valor está en transformarlos en instrumentos que guíen decisiones diarias. En logística, uno de los grandes enemigos de la rentabilidad es operar sin visibilidad, basándose en intuiciones o en hojas de cálculo desactualizadas. Nuestra evolución va en esa dirección: pasar de ser un simple punto de encuentro a convertirse en una base analítica para la operativa de transporte, integrando insights directamente en el trabajo cotidiano.
Un cambio clave es que priorizamos el comportamiento real frente a los perfiles “declarativos”. En lugar de fiarnos de lo que una empresa dice de sí misma, analizamos su actividad transaccional en tiempo real dentro de la plataforma. Mostramos por dónde opera de verdad un socio, su historial, el tiempo que lleva en el mercado y señales de riesgo financiero. Con ello, cargadores y transitarios pueden poner precio al riesgo incluso antes de formalizar un contrato.
La misma lógica aplica a la logística contractual: cuando el mercado gira, las tarifas a largo plazo pierden vigencia rápidamente. Con analítica avanzada por rutas y por operaciones dedicadas, ayudamos a monitorizar de forma continua la eficiencia de tarifas, los márgenes y los huecos de capacidad.
En organizaciones grandes, estos insights agregados son la base para informes avanzados de Business Intelligence. Permiten a la dirección logística y a los equipos de cumplimiento conectar la volatilidad del spot con la estabilidad contractual y proyectar presupuestos en función de costes operativos “vivos”, no de estimaciones históricas rígidas.
En la práctica, esos informes ayudan a auditar con precisión la estructura de costes por ruta, cuantificar ahorros reales y seguir el rendimiento de los transportistas con total claridad: quién genera retrasos y quién cumple los KPI.
En resumen: reducimos la asimetría de información. Damos visibilidad sobre lo que los operadores hacen, no solo sobre lo que afirman. Así, el cálculo de tarifas y riesgo se acerca a la matemática y se aleja de la lotería.
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Más liquidez, más exposición: integridad del dato y barreras contra el fraude
El aumento de actividad en el spot también eleva el riesgo. El sector alerta de un repunte de recogidas ficticias y suplantación de identidad. ¿Hasta qué punto es un reto para Trans.eu? ¿Dónde está el equilibrio entre automatizar y mantener una validación manual rigurosa al incorporar nuevos usuarios?
Es un desafío importante para todo el sector y, precisamente por eso, hemos reforzado de forma significativa la ciberseguridad. Gestionamos una red en la que empresas que a menudo no se conocen entre sí pueden ofrecer vehículo y contratar carga. Ese modelo, por su naturaleza, implica un riesgo real de fraude.
Según TAPA, las pérdidas por fraude en la cadena de suministro europea superaron los 2.700 millones de euros entre 2022 y 2024. Un estudio del Parlamento Europeo estima que la delincuencia contra la carga en la Unión Europea puede alcanzar hasta 8.300 millones de euros al año y, a escala global, se habla de 40.000 millones de libras. Lo más inquietante no es solo la cifra, sino el método: hoy no hace falta forzar cerraduras; basta con documentación falsa convincente y un correo fabricado, lo que se conoce como “transportista fantasma”.
Sobre automatización frente a revisión manual, no lo planteamos como una disyuntiva. De hecho, gran parte del trabajo ocurre antes de que una empresa pueda reservar nada. Dedicamos mucho esfuerzo a decidir quién entra en la red, con requisitos y controles tan exigentes que muchos solicitantes ni siquiera llegan a acceder. Transportistas, transitarios y cargadores deben superar un proceso de autorización por capas: verificación de identidad, revisión de documentación y licencias, confirmación de antigüedad y trayectoria, y comprobaciones financieras que van más allá de una simple consulta de crédito.
Y ese es solo el primer filtro. Una vez dentro, monitorizamos de forma continua la actividad para detectar patrones anómalos que puedan indicar riesgo. Si una empresa empieza de repente a buscar cargas en un segmento donde no opera normalmente, si la frecuencia de búsqueda se dispara sin explicación o si observamos otro comportamiento fuera de lo habitual, la empresa queda marcada y bloqueada de inmediato.
Por supuesto, damos a la empresa la oportunidad de justificar la actividad para desbloquear cuanto antes los casos legítimos. La conclusión es clara: no basta con comprobar quién es alguien al registrarse; hay que poder verificar quién es en el momento de cada transacción.
Se dice que la digitalización de la logística, paradójicamente, facilita el trabajo a los delincuentes. Desde la perspectiva de un operador de plataforma, ¿cómo es ese “juego del gato y el ratón”? ¿De verdad se puede ir un paso por delante de grupos organizados?
Es una descripción bastante ajustada, y nadie puede afirmar que esta batalla esté ganada para siempre. Lo que observamos es un desplazamiento sistemático: del robo físico de mercancía a la suplantación digital, y además se está acelerando.
Un patrón común es que una red criminal consigue documentación de un transportista legítimo y registra un dominio casi idéntico, con un solo carácter distinto. En casos más dirigidos, secuestran el correo de una empresa real mediante phishing para interceptar asignaciones de carga sin levantar sospechas.
En ambos escenarios, el fraude puede pasar inadvertido hasta que aparece un camión que no es el que se había contratado. También hemos visto grupos comprando en mercados clandestinos empresas de transporte antiguas y “limpias” para esquivar controles basados en antigüedad o crédito.
¿Se puede ir por delante? Solo si la verificación es continua y no una comprobación puntual” lub „una lista de verificación aplicada una sola vez. Ese es el enfoque: identidad, cumplimiento y credenciales de seguridad validadas en cada operación, no declaradas una vez y archivadas. Es una carrera permanente, no un problema resuelto, pero esa arquitectura de verificación continua permite anticiparse en lugar de reaccionar cuando ya es tarde.
Además, la seguridad debe ser una responsabilidad compartida por todos los participantes. Si todos priorizamos las medidas adecuadas y reportamos cualquier señal sospechosa, el ecosistema será más seguro y robusto. La tecnología ayuda, pero el enfoque tiene que ser colectivo.
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Antes, la seguridad en la cadena de suministro se asociaba a candados, precintos y parkings vigilados. Ahora, la seguridad digital en la fase de intermediación es crítica. ¿Cómo protege Trans.eu la integridad de los datos para evitar filtraciones de rutas o mercancía de alto valor que puedan convertirse en un “plano” para los ladrones?
La comparación es exacta y también es como lo abordamos internamente: la infraestructura digital debe ser, como mínimo, tan segura como el proceso que define quién puede acceder a ella. Para nosotros, la seguridad no termina en el control de acceso: incluye cómo se protege el dato en cada etapa, cómo se refuerza la infraestructura y cómo nos sometemos a estándares verificados externamente.
En concreto, Trans.eu mantiene la certificación ISO/IEC 27001 desde hace ocho años consecutivos, el estándar internacional de gestión de seguridad de la información, con auditorías internas anuales y revisiones independientes de terceros. A nivel de infraestructura, alojamos en dos centros de datos europeos: uno en Polonia, con Talex, y otro en AWS. Ambos cuentan con medidas avanzadas de seguridad física y lógica, monitorización constante, registros de actividad y videovigilancia.
Además está la capa de acceso, que es donde se neutraliza el riesgo del “plano”: los detalles de ruta y carga no quedan a la vista de cualquiera que navegue por el mercado. Solo se muestran a contrapartes que ya han pasado nuestro procedimiento estándar de autorización (identidad, licencias y verificación financiera). Así se evita que alguien use la plataforma para recopilar información sobre envíos de alto valor sin intención real de transportarlos. Operar en Trans.eu significa entrar en un entorno validado donde la verificación no se detiene mientras la empresa y sus socios permanezcan activos en la plataforma.
La automatización y la velocidad de cierre son ventajas del spot, pero también elevan el riesgo: cuanto menos tiempo para revisar, más probabilidad de pasar algo por alto. ¿Tenéis previsto aplicar soluciones basadas en IA o biometría para una verificación instantánea y fiable del transportista y del conductor justo en el momento de aceptar el pedido?
Hoy se está incorporando inteligencia artificial con cierta ligereza, sin definir del todo qué casos de uso se quieren resolver. Hay mucho “hype” que la presenta como solución universal.
Nosotros creemos que hay que abordarlo con responsabilidad. En Trans.eu hemos identificado casos concretos donde aporta valor real, y en eso es en lo que estamos trabajando. Aún no puedo dar detalles, pero iremos escalando estas capacidades de forma gradual.
El objetivo es aportar valor al cliente: que encuentre lo que necesita con menos esfuerzo y en menos tiempo. En lugar de perseguir palabras de moda, aplicamos la IA donde ya ofrece un beneficio claro, seguro y tangible: automatizar tareas repetitivas del día a día. Un ejemplo es nuestra nueva solución Quick Filling para crear ofertas de carga.
La realidad del transitario es conocida: la información de la carga llega de forma desordenada por correo, PDF, fotos, capturas… Volcarlo todo a mano consume tiempo y dispara el riesgo de errores. Por eso usamos IA capaz de “leer” esos documentos o mensajes, extraer automáticamente los parámetros clave y completar por sí sola el formulario de la oferta.
Y aquí hay un matiz importante en términos de riesgo: la IA solo genera un borrador. La decisión final y el clic de publicación siguen siendo siempre de una persona. Esa es nuestra filosofía: recortar el trabajo mecánico y reducir el proceso a segundos, sin quitar el control al usuario. No es una promesa a futuro: esta herramienta ya se utiliza para crear alrededor de 100.000 cargas a la semana en la plataforma, poniendo fin a la era de teclear datos sin valor añadido.
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Lo que viene: automatización inteligente y métricas que anticipan
Mirando al futuro, ¿hasta qué punto el spot se automatizará con IA? ¿Llegaremos a un escenario en el que los sistemas de los cargadores pujen y firmen contratos digitales con los sistemas de los transportistas sin intervención humana? ¿Cuánto falta para que esa realidad se materialice?
Vamos en esa dirección, aunque no pondría una fecha cerrada a la autonomía total. Lo que sí creo es que estamos pasando de la simple digitalización al uso de agentes de IA. En la última década, el sector pasó del papel a las pantallas.
En los próximos años veremos agentes de IA que no solo ayudan al operador con tareas repetitivas, sino que actúan en su nombre: un agente de negociación para gestionar conversaciones de tarifas, un agente de verificación para cruzar cumplimiento, un agente de pricing que responda a condiciones en tiempo real. Para 2030, espero que la logística funcione casi como un cerebro digital, orquestando flujos a escala continental.
Pero nada de eso funciona si la base no es la confianza: transportistas verificados, transacciones transparentes y datos seguros. No se puede permitir que un agente de IA decida de forma autónoma si al otro lado no está validada la identidad y el cumplimiento.
Por eso no veo automatización total y seguridad como dos hojas de ruta distintas: la segunda es condición de la primera. Y añadiría que nuestro enfoque es disciplinado: casos de uso concretos y escalado progresivo. Una automatización inteligente, pero también segura y responsable para quienes dependen del sistema.
Si tuviera que señalar un único indicador o tendencia del spot que un responsable de logística debería vigilar especialmente en los próximos meses, ¿cuál sería?
Me fijaría en la diferencia entre el nivel de rechazo en contratos marco y el nivel de ejecución en spot, más que en los titulares sobre tarifas. Cuando los transportistas empiezan a rechazar acuerdos marco con frecuencia y los cargadores trasladan capacidad al spot de forma estratégica (no a regañadientes), ese diferencial revela dónde están de verdad la capacidad y el riesgo. Los índices de tarifas cuentan lo que ya pasó. esa diferencia suele anticipar lo que está por venir.









