El fuerte encarecimiento del combustible como consecuencia de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio está suponiendo una carga importante para el sector del transporte. Al mismo tiempo, la situación está acelerando una tendencia que lleva años gestándose: las empresas buscan cada vez más alternativas al diésel convencional.
Lo que se está haciendo evidente es una combinación compleja de presión económica, opciones tecnológicas y limitaciones operativas.
El precio del diésel se convierte en una prueba de estrés
Lo tensa que es la situación en estos momentos lo ilustra un reportaje del portal Nordkurier sobre la empresa de transporte Heinrich Gustke, de Rostock. Su director gerente, Stephan Gustke, describe el impacto con claridad:
“Consumimos alrededor de 250.000 litros de combustible al mes. Con una subida de €0.40 a €0.50, las cuentas son claras: enseguida tenemos €100.000 de costes adicionales al mes que no recuperamos del cliente al 100 %.”
El resultado: se están revisando las rutas y, en algunos casos, incluso se rechazan. Según Gustke, las empresas más pequeñas, en particular, están bajo una presión creciente:
“Si una empresa tiene ciertas reservas, llega un momento en que se agotan. Entonces, para el director gerente, en realidad solo queda un camino: acudir al juzgado local para solicitar la insolvencia.”
El GNL gana importancia, sobre todo por motivos de coste
En paralelo, cada vez más empresas optan por camiones propulsados por gas. Según Volvo Trucks, las empresas de transporte en Alemania y Europa eligen cada vez más vehículos que funcionan con GNL o bio-GNL.
Un ejemplo es Hilker GmbH & Co. KG, de Baja Sajonia: de sus 100 cabezas tractoras, 70 ya funcionan con gas, y se han pedido más vehículos.
El director gerente, Stefan Hilker, explica:
“Al elegir GNL, y en particular bio-GNL, apostamos por un combustible sostenible, de alto rendimiento y con disponibilidad fiable.”
También ve ventajas económicas:
“No puedo confirmar el mito de que el el GNL sea permanentemente demasiado caro. Si miramos el conjunto, desde 2020 operamos de forma más económica con GNL que con vehículos diésel.”
Según Volvo, los modelos de bio-GNL, en particular, pueden ofrecer ventajas de coste frente al diésel en función del perfil operativo. A esto se suman estructuras de precios más estables y una infraestructura en crecimiento; en Alemania ya hay alrededor de 200 estaciones de repostaje de GNL.
La electrificación avanza, pero con límites operativos claros
Mientras que el GNL gana importancia principalmente en el transporte de larga distancia, en la distribución está surgiendo otra tendencia: la electrificación.
El proveedor logístico neerlandés Simon Loos encargó recientemente 75 vehículos Mercedes-Benz eActros 600 adicionales. Con ello, la flota de camiones eléctricos de la empresa asciende a 210 vehículos, lo que, según afirma, es una de las mayores de Europa.
El gestor de flota, Wim Roks, informa de que los vehículos han demostrado su eficacia en la operativa diaria. Los nuevos camiones eléctricos están destinados principalmente a la distribución de alimentos. Esto deja claro algo: las propulsiones eléctricas ya funcionan hoy, pero sobre todo en perfiles operativos previsibles y regionales.
“Quien pide camiones eléctricos ahora no entiende la realidad”
Sin embargo, las valoraciones del sector también ponen de relieve los límites de los avances actuales. Gustke afirma:
“Creo que la movilidad eléctrica o el hidrógeno serán cada vez más importantes en los próximos años. Ahora mismo hay que ser honestos: si alguien me dice que simplemente compre camiones eléctricos, entonces no ha entendido la situación.”
Esta valoración refleja la realidad de muchas empresas de transporte: las inversiones en nuevas tecnologías de propulsión son estratégicamente necesarias, pero a corto plazo a menudo son difíciles de implementar. Además, el cumplimiento de objetivos de CO2 influye en la velocidad y el tipo de renovación de flotas.







